Blog, Reseña

La sabiduría del Califa de Ilan Brenman. Ilustraciones de Iban Barrenetxea.

Tengo que reconocer que decidí leer este libro con sabor oriental  porque soy una gran admiradora del ilustrador Iban Barrenetxea.

Y nunca me defrauda, con esas ilustraciones que parecen cuadros, tan elegantes y capaces de trasladarnos allí donde la historia lo requiera. En este caso a una época pasada en Bagdad, con sus callejuelas, sus bibliotecas enormes y magníficos aromas a dátiles y demás alimentos que te transportan a lugares lejanos y deliciosos.

Y en este ambiente comienza este cuento. El delgaducho Hachid es un pobre chico que se muere de hambre y que se alimenta con el arma de las comidas. Con esa sinfonía de olores como carnero con menta,  lenteja con uvas pasas, canutillos de hojas de acelga o  humus, el pobre Hachid no puede resistirse a quedar en la puerta de un restaurante y alimentarse con esos deliciosos olores.

Una de las técnicas de Hachid era ir atravesando los puestos de alimentos del mercado central, plantarse en medio de la calle, levantar la nariz y aspirar todos esos aromas deliciosos: dátiles, albaricoques, miel, granos tostados… 

La multitud no se daba ni cuenta de la experiencia gastronómica del mendigo que, tras atiborrarse de aquellos aromas, se marchaba a hacer la digestión. 

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El dueño del restaurante, decide que ya que se está alimentando con su aroma debería de cobrarle un dinero. Se lamenta porque piensa que si todos los vecinos fuesen a su puerta y se alimentasen solo con el aroma, aquello sería su ruina…

Las ilustracones de Iban son perfectas para la historia, captando la avaricia en la sonrisa del gordo cocinero, en contraste con le delgadez de Hachid.

EL pobre chico, que se niega a pagarle porque además no puede, es llevado por el cocinero ante  el sultán, un hombre muy sabio que tendrá que resolver el conflicto.

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El juez, tendrá que tomar una decisión. Obligar a Hachid a pagar por olfatear la comida o dejarlo ir sin que tenga que pagar nada.

Los recibe en su gran biblioteca y escucha atentamente al cocinero que opina que lo justo era cobrar por sus olores.

El califa, tras escuchar al cocinero, creyó justo cobrar por sus olores y le pidió al pobre Hachid que le diese todo el dinero que llevase encima.

Pero como nada es lo que parece, la resolución del problema no iba a ser tan sencilla.

Hachid entrega al califa el dinero, pero éste no se lo entrega al cocinero sino que lo hace sonar. Ese tintineo es el pago justo a su reclamación.

El califa, decide pagar con la misma moneda al avaro cocinero; una lección que le da el califa y que nadie podíamos sospechar.

La historia, es sencilla pero está contando de una manera viva y sin aburrirnos. Para lectores de todas las edades, pero especialmente para los niños de entre 7 y 9 años.

Se puede encontrar en cualquier superficie de venta de libros o en la web de la editorial. 

 

 

 

 

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